La inteligencia artificial generativa ha abierto enormes oportunidades para emprendedores y startups tecnológicas, en áreas como marketing, entretenimiento, educación y automatización. Sin embargo, el uso de tecnologías capaces de crear “representaciones digitales verosímiles pero falsas” de la imagen, cuerpo o voz de una persona —conocidas como deepfakes— se ha convertido en un riesgo jurídico concreto. En Chile, este fenómeno ya no es solo un debate doctrinal: existe un proyecto de ley en tramitación (Boletín N° 17.795-19) que regula expresamente la creación y difusión de estas imitaciones digitales.
El proyecto establece el derecho a la integridad digital, reconociendo que toda persona tiene derecho a que su imagen, cuerpo o voz no sean utilizados para generar representaciones falsas mediante IA
La indicación presidencial refuerza este concepto, ampliando su aplicación a plataformas digitales que operen en Chile incluso si no están domiciliadas en el país, exigiendo designación de representante legal y estableciendo un régimen sancionatorio relevante.
Para una startup tecnológica, esto implica un cambio estructural en su modelo de compliance. No basta con términos y condiciones genéricos. Será necesario implementar:
- Protocolos de consentimiento expreso, verificable y revocable.
- Sistemas de etiquetado visible cuando un contenido haya sido generado o manipulado mediante IA
- Canales de denuncia eficaces con plazo máximo de 72 horas para resolver solicitudes de retiro
- Evaluaciones de riesgo respecto del uso de datos biométricos y tratamiento de datos sensibles conforme a la Ley N° 19.628.
Desde la perspectiva empresarial, el riesgo no es solo regulatorio. Los deepfakes pueden afectar reputación corporativa, generar fraudes internos (suplantación de ejecutivos), impactar valor de marca y comprometer rondas de inversión. Un incidente de este tipo puede convertirse en contingencia legal, financiera y reputacional simultáneamente. En este contexto, el compliance deja de ser un costo y pasa a ser un activo estratégico.
Finalmente, la regulación no debe entenderse como una barrera a la innovación, sino como un marco que otorga certeza jurídica. Las startups que integren desde el diseño políticas de trazabilidad, gobernanza algorítmica y control del uso de IA estarán mejor posicionadas frente a inversionistas, aceleradoras y mercados internacionales. En la economía digital, la confianza es capital. Y en materia de inteligencia artificial, la confianza comienza por el respeto a la integridad digital.